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Inflación en Miami cambia hábitos de consumo

Telemundo 51 — Miami · hace 1 h
Cuando comprar un auto nuevo deja de ser una opción



En Miami, prácticamente todo cuesta más: el alquiler, los seguros, el supermercado, los restaurantes y los automóviles.



Y cuando los ingresos no crecen al mismo ritmo, el impacto comienza a sentirse en las decisiones de todos los días.



Hace unos años, elegir qué automóvil comprar era una decisión rutinaria. Hoy, para muchas familias, es una cuestión de presupuesto.



En una ciudad donde el automóvil es prácticamente una necesidad debido a las limitaciones del transporte público, los consumidores están cambiando sus prioridades.



Jorge López, propietario de Losanz Sports Car, un concesionario de vehículos usados, dice que los precios están llevando a muchos compradores a cambiar de estrategia.



“Este Lexus, que es un 2024, antes era un vehículo de 30 mil dólares; ahora es de 45 mil. La gente cambia su mentalidad y llega a un Honda 2024 que está en 25 mil dólares.”



Cada vez más compradores dejan de mirar vehículos nuevos y buscan alternativas usadas. Comparan precios, visitan distintos concesionarios y establecen un límite que no están dispuestos a superar.



“Hay clientes que te dicen: lo que yo puedo sacar para un carro es esta cantidad. Y hay clientes que por 10 dólares no te compran un carro”, explica López.



Reparar en lugar de reemplazar



El cambio también se refleja en los talleres de reparación. Golpes, rayones y daños de carrocería que antes podían significar una visita al concesionario para cambiar una pieza, hoy muchas veces terminan en un taller.



Camilo Galán, propietario de un taller de chapa y pintura, asegura que muchos clientes simplemente no tienen dinero para asumir gastos adicionales.



“Hay mucha gente que económicamente no tiene el dinero para pagar la cuota del seguro y anda con los carros chocados porque no tiene cómo arreglarlos.”



La presión económica también ha reducido la cantidad de personas dispuestas a gastar en reparaciones que no consideran esenciales.



“Antes tenían para hacer un detalle en el carro, un raspón. Ahora no tienen para pagar su seguro y andan con sus carros chocados”, cuenta Galán.



Para Kristian Castillo, residente de Miami, la solución es mantener el automóvil que ya tiene durante más tiempo. “Los precios están subiendo. Para mantener a la familia, necesitamos aguantar los carros.”



Salir a comer también requiere hacer cuentas



El cambio de hábitos no se limita a los automóviles. Los restaurantes también están viendo cómo sus clientes modifican la manera en que consumen.



Algunas familias comparten platos. Otras buscan promociones, eligen opciones más económicas o reservan las salidas para ocasiones especiales.



Liliana Martínez, propietaria del restaurante Esquinita Colombiana en Miami, dice que los negocios han tenido que adaptarse. “Hemos tenido que hacer promociones para poder atraer a los clientes, porque para ellos es difícil venir. Todos estamos viviendo la misma situación. Las familias tienen que pensarlo dos veces antes de salir a comer.”



Para quienes sí salen a restaurantes, el presupuesto también determina qué y cuánto pedir.



“Ya tiene que medirse lo que va a pedir uno. Ya la comida está carísima”, dice Henry Trujillo, cliente y residente de Miami.



Los restaurantes también sienten el aumento de los costos



Mientras los consumidores buscan gastar menos, los restaurantes enfrentan sus propios aumentos.



Alimentos, alquileres, seguros, salarios, servicios y hasta gastos de mantenimiento han elevado el costo de operar un negocio.



Marcelo Marcantonio, propietario del restaurante Las Acacias en la ciudad de Doral, pone como ejemplo un gasto que muchos clientes ni siquiera imaginan.



“La limpieza de la campana ronda entre los 500 y 1,500 dólares y te quieres agarrar la cabeza cuando te lo dicen, porque todo aumenta.”



La respuesta de algunos restaurantes ha sido reducir costos sin sacrificar la calidad.



En otros casos, el tamaño de las porciones permite que los clientes compartan un plato.



“Desde que abrimos, hace 11 años, siempre comen dos personas con un plato. Son porciones generosas. Dos personas comen bien”, explica Marcantonio.



Y ese cambio en el comportamiento ya es evidente.



“Antes pedían un plato cada uno y ahora ya no. Pareciera que no, pero ayuda a la economía familiar y del día a día.”



Una nueva manera de consumir en Miami



No se trata solamente de estadísticas o indicadores económicos.



Se trata de la persona que decide cocinar en casa en lugar de salir a comer. De quien repara su automóvil porque no puede reemplazarlo. De la familia que comparte un plato en un restaurante. O del comprador que compara precios durante semanas antes de realizar una compra.



Son decisiones individuales que, repetidas miles de veces, muestran un cambio más profundo: los habitantes de Miami están modificando su manera de consumir para poder mantenerse a flote.



En una ciudad donde todo parece avanzar, para muchos el verdadero desafío
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