El verano que el calor extremo nos cambió la rutina: “No hago nada y las piernas se me inflaman”
elDiario.es · hace 9 h
Varios estudios han detectado cambios de patrones en los desplazamientos, el uso de los espacios públicos y la actividad física en los días de más calor, que este año se han multiplicado en EspañaUn calor extremo que no se va: por qué este verano es “un aviso para el futuro”
Dolores, una mujer de 94 años, enfrenta el verano con ciertas condiciones que le limitan y, además, el calor extremo le pasa factura: “Me quedo atontada, me cansa muchísimo, apenas como y me paso todo el día bebiendo. No hago nada y las piernas se me inflaman”, expresa con cansancio y agobio. “Mi casa no baja de los 30º-32º grados”.
Ella no puede salir sola a la calle, a lo que se suman sus problemas cardiovasculares: “Cuando estoy acompañada, saco fuerzas de flaqueza. Necesito compañía, la soledad es lo que me mata”. “Aunque me sacan poco, cuando lo hacen y veo un arbolito, me quedo encantada, porque en mi barrio no hay ninguno”, explica. El problema en este largo verano, que comenzó con temperaturas estivales en marzo, que se alargan a septiembre, lo tiene claro: “Hace mucho calor para salir al parque”. La propia Agencia Estatal de Meteorología ha advertido que los termómetros marcarán a partir de este miércoles registros “muy altos para la época del año”.
La rutina de Dolores se trastoca con las altas temperaturas. Aunque con el frío sale más a comprar o a dar un paseo, lo que le permite socializar más en las tiendas y con los vecinos, estos últimos meses ha tenido que readaptarse. “Escribo en el ordenador, leo libros y hago cosas que me gustan”, explica optimista. Pero siempre en el interior de su casa, donde vive sola.
Lo que le ocurre a Dolores no es problema individual. Un estudio publicado en abril por la revista PNAS Nexus, vinculado a la Academia de Ciencias de Estados Unidos, muestra que el calor extremo influye en la movilidad. El trabajo, que registra datos de telefonía móvil de 13 millones de personas en España, señala que los desplazamientos “disminuyen hasta un 10%” en los días calurosos y “hasta un 20%” en las tardes más tórridas.
El calor es un problema de salud pública porque el número de muertes, con las medidas apropiadas, se podrían haber evitado
Lorenzo Armenteros
— Portavoz de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia.
Entre los meses de junio, julio y agosto se han registrado en España un total de 5.114 muertes atribuibles a las temperaturas extremas, según los datos compartidos por el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo). “Las olas de calor pueden alterar las funciones vitales cuando el organismo es incapaz de compensar las variaciones de la temperatura corporal”, indica el Plan Nacional de actuaciones preventivas de los efectos del exceso de temperaturas sobre la salud 2026, del Ministerio de Sanidad.
Lorenzo Armenteros, portavoz de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia, asegura que “el calor es un problema de salud pública porque el número de muertes, con las medidas apropiadas, se podrían haber evitado”. El también especialista en el Área de Medicina Familiar asegura que una afectación por el calor es el estrés térmico —carga de calor que el cuerpo acumula cuando se expone a temperaturas extremas— sobre ancianos, niños o mujeres embarazadas, por trastorno metabólico o por la falta de hidratación: “Esto último es frecuente verlo y puede llevar incluso a la muerte”, sostiene.
“Miedo a salir a la calle”
Por otra parte, Eva López Reusch, socióloga e investigadora del Colegio de Sociólogos y Politólogos de Madrid, señala que las personas mayores que pasan mucho tiempo en casa pueden sufrir un deterioro físico y cognitivo: “Más del 90 % de las muertes por calor extremo son atribuibles a personas mayores de 65 años”, indica. “Los ancianos tienen miedo a salir a la calle, por lo que las altas temperaturas les causa un deterioro físico y cognitivo”.
Un estudio realizado en 10.499 parques de toda China muestra como el calor reduce las actividades de ocio al aire libre en un 5% cuado las temperaturas superan los 30 grados. No solo eso, sino que se produce una adaptación de los horarios. “Las personas sustituyen actividades que realizaban al mediodía y por la tarde por actividades a primera hora de la mañana y por la noche”, indica el trabajo.
Esa adaptación de horarios es la estrategia por la que ha optado Alejandro, un joven de 19 años que se siente muy condicionado en algunas de las actividades que realiza frecuentemente, como el deporte. “El sol te quema, te cocina prácticamente. Yo, que juego al ecuavoley, tengo que esperar a las 8:30 de la tarde, aunque tampoco se juegue tan fresco”, expone.
Hace unos meses, un estudio realizado en Estados Unidos con datos extraídos de 24.000 millones de observ