Uno de los mayores fracasos en la historia del cine de aventuras está firmado por el autor de Parque Jurásico. En realidad, no era una película tan mala
3DJuegos · hace 1 h
Pertenezco a ese pequeño club de defensores de El guerrero nº 13. Me gusta su textura, me gusta que dure hora y tres cuartos y no se ponga demasiado solemne, me gusta Vladimir Kulich haciendo de Buliwyf con pelucón y esa cara de estar cansado de la vida. Incluso me gusta el pasmo con el que Antonio Banderas protagoniza la peli en lo que hoy sería un gesto de whitewashing. La he visto unas cuantas veces y cada vez me reconcilio un poco más con ella, a pesar de todas sus carencias, que lo reconozco, no son pocas. Pero hay una cosa que digo siempre: me gusta más el libro. Bastante más, de hecho, y creo que ahí está la explicación de por qué la película salió como salió.
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Me parece interesante tratar de entender por qué una de las mejores novelas de Michael Crichton, el de Parque Jurásico, se convirtió en la película que hundió su prestigio como productor justo cuando era el nombre más rentable de Hollywood. La película no fracasó por traicionar el libro. Fracasó por adaptar lo único del libro que no le importaba a nadie, yo creo. Claro, si habéis visto el tráiler de la peli de ahí arriba, pues hay que señalar que tampoco el tráiler ayudó. ¿Qué pinta un tema que combinaba cantos gregorianos con ritmos electrónicos? A alguien debió parecerle una idea estupenda.… El caso es que la peli no fue el éxito que se esperaba, y es una historia de lo más curiosa.
Devoradores de cadáveres no es una novela de vikingos, es una falsificación académicaLa historia del origen del libro se cuenta muchas veces mal. En su web oficial, Crichton explicaba que escribió Devoradores de cadáveres por una apuesta, para demostrar que con Beowulf se podía construir una historia entretenida. El detonante, según recoge la ficha de la novela, fue un amigo suyo que estaba montando un curso universitario sobre los grandes plomazos de la literatura y había puesto el poema anglosajón como ejemplo principal de lectura tostón e insufrible. Crichton decidió escribir una refutación de 300 páginas, que es una forma bastante curiosa de querer tener la razón, y el resultado llegó a las librerías en 1976: Devoradores de Cadáveres, una novela que no se parece a nada de lo que firmó antes ni después.
Y es que el libro no se presenta como una novela. Se presenta como la edición comentada de un manuscrito auténtico, con introducción, discusión sobre la procedencia del texto, variantes de lectura, bibliografía, apéndice y unas notas al pie que a veces son más largas que el párrafo que pretenden aclarar. El recurso del "manuscrito encontrado" si os gustan este tipo de cosas. A mí me parece una idea estupenda, la verdad. Los tres primeros capítulos son una crónica real: Ahmad ibn Fadlan existió, salió de Bagdad el 21 de junio de 921 como parte de una embajada del califa al-Muqtadir hacia el rey de los búlgaros del Volga, y su informes y cartas describen de primera mano a los mercaderes rus y un funeral en barco que sigue siendo una de las descripciones más detalladas que nos ha llegado de aquel mundo. A partir de ahí Crichton se deja llevar y empieza su versión de Beowulf, donde los monstruos de la niebla atacan a su expedición. No os cuento el plot twist, pero a mí me gusta mucho.
Cuando el proyecto cambió de nombre y pasó de Devoradores de cadáveres a El guerrero nº 13, alguien tomó una decisión que condenaría por completo la adaptación cinematográfica. El nuevo título anuncia una película de acción con doce vikingos y un forastero, que es justamente el resumen más plano posible de lo que ocurre realmente en el libro. Supongo que el canibalismo sigue siendo un tabú en Hollywood, pero a mí me parece un título mucho menos prometedor y una manera de vender la historia infinitamente menos interesante. Todo lo que hacía especial a la novela se quedó fuera de la propuesta comercial de la peli. Al final nos dieron una historia de aventuras correcta y bastante genérica, competente pero sin centrarse lo que hace especial al libro. Y una historia de aventuras correcta, en 1999, competía con todo, empezando por El Sexto Sentido.
Dos directores, una película y ninguna buena decisión
Mi querido John McTiernan (Jungla de Cristal, Depredador, La Caza del Octubre Rojo…) rodó en el verano de 1997 en la costa norte de la isla de Vancouver, cerca de Campbell River, en un paraje llamado Elk Bay. Venía de hacer La Jungla 3: La Venganza, peliculón, y de una racha de grandes estrenos que muy poca gente ha tenido. Pero los pases de prueba salieron mal y el estudio se puso nervioso. Y entonces entró en juego un todopoderoso Michael Crichton, todavía glorioso en el éxito histórico de Parque Jurásico de una década antes. A partir de ese momento la película tuvo dos autores. Spoiler: sale mal.