Miguel María Ruiz, párroco en El Cañaveral: «Mi vocación llegó cuando estaba con una chica, a quien amaba y con quien me iba a casar. Sin embargo, Dios quería que fuese sacerdote»
ABC España — Sucesos · hace 1 h
La historia de Don Miguel , el párroco de El Cañaveral, es un ejemplo claro de que la vocación no siempre depende de uno mismo. El sacerdote acaba de revelar que recibió la llamada de Dios en un momento en que ya estaba buscando un futuro feliz, pero en lugares distintos. Miguel María Ruiz es uno de los curas diocesanos más reconocidos de Madrid. Actualmente sirve en la parroquia de El Cañaveral, un barrio en el distrito de Vicálvaro, un templo que está dedicado a San José María Rubio. Lleva 37 años ordenado y un tiempo más breve al mando de la vida de esa comunidad. Parte de su predicación y acompañamiento a los fieles la realiza a través de las redes sociales — @parroquiaelcanaveral en Instagram—. Ahí comparte el mensaje del Evangelio, consejos para novios y matrimonios y, como hoy recogemos, parte de su testimonio personal. Hace unos días publicó en este perfil un vídeo en el que revela que descubrió su vocación al sacerdocio cuando estaba saliendo con una chica. La historia del hombre es un ejemplo de confianza en Dios y una identificación con el lema de la parroquia, ' Hacer lo que Dios quiere, y querer lo que Dios hace '. Cuenta Don Miguel que su intención durante su juventud era casarse y formar una familia. Sin embargo, en lo más profundo de su corazón había una disponibilidad sincera para hacer la voluntad de Dios. Se le podría haber pedido la entrega de una vida en pareja y lo hubiera cumplido, pero los planes de Dios para él contemplaban otro tipo de entrega: el sacerdocio. «Me ordené el año... ya ni recuerdo, hace muchísimos años, y soy hijo de una familia donde soy el quinto de cinco y de siempre he vivido la fe», recuerda sobre el papel de la vida cristiana en su infancia. Se educó con la convicción de que Dios le acompañaría a lo largo de su vida, fuera cual fuera el camino a seguir. Como muchos otros jóvenes de su época y edad, empezó a interesarse por las chicas y tuvo una novia. «Yo tenía una chica a la que amaba infinitamente y estaba, me marcaba antiguamente como se hacía, me ponía su nombre en el brazo, esas cosas que hacemos los que tenemos el corazón vivo», recuerda. Su búsqueda del amor humano nacía de una búsqueda del amor sobrenatural de Dios. Dice que «quería ser vivo, alegre, santo, lo que es un santo, que lo había visto en mis padres, lo había visto en mucha gente en mi entorno, pues mi intención era casarme». Esto no ocurrió así porque «para gran sorpresa mía», Dios no le dio una vocación al matrimonio sino al sacerdocio ordenado. Ser santo es ver la voluntad de Dios para la vida personal de cada uno y estar dispuesto a seguirla en cuanto se discierna. «Pero dentro de esa disponibilidad a lo que Dios quería de mí, porque yo lo que más quería era ser suyo, pues de repente él me llama y me dice: 'Quiero que en lugar de matrimonio seas sacerdote'», explica el cura madrileño. Dejó a aquella novia, estudió en el seminario, se ordenó, «y aquí estoy, sacerdote desde hace 37 años». El testimonio de Don Miguel muestra una vida entregada a Dios desde antes de conocer el 'para qué', una confianza ciega en la bondad divina que le ha hecho feliz desde la infancia hasta sus etapas más maduras.