'Política para supervivientes' es una carta semanal de Iñigo Sáenz de Ugarte exclusiva para socios y socias de elDiario.es con historias sobre política nacional. Si tú también lo quieres leer y recibir cada domingo en tu buzón, hazte socio, hazte socia de elDiario.es
Se llama canutazo en el argot periodístico al momento en que un político se pone delante de un grupo de periodistas con sus micrófonos y grabadoras para hacer unas declaraciones, en general breves. Este viernes, Isabel Díaz Ayuso lo hizo en Alcalá de Henares y las preguntas fueron sobre el famoso ático. Ahí comenzó una larguísima intervención de varios minutos en las que, casi sin coger aire, se lanzó a ofrecer unas explicaciones confusas con la única intención de presentarse como víctima de una confabulación de sus enemigos reales o imaginarios. No paró de hablar mientras no contaba nada concreto o nada que no se supiera.
Resultó entre divertido y alucinante verla intentar explicarse y soltar frases que se cortaban para cambiar de argumento. Lo más importante es que ella era LA VÍCTIMA. Todo lo que había hecho era perfectamente normal, aunque por lado también decía que ella no había hecho absolutamente nada. Todo había ocurrido aparentemente sin que ella interviniera. Hubo una frase especialmente patética cuando dijo: “¿Por qué no intentáis creerme?”. Era como si formara parte de una canción de la película 'Los miserables', llena de dolor y rabia. Sólo faltaba la banda sonora.
La oposición dice que Ayuso está “desquiciada” y la intervención ante los periodistas lo confirmaba. Le preguntaron por qué había visitado personalmente el ático, del que había dicho que no era para ella. “Porque si lo compran y estoy buscando un lugar donde puede que me lleve las oficinas, el despacho mío, mi despacho, oye, pues por verlo”. Dijo que ser presidenta le obliga a vivir en “condiciones muy duras”, por no tener anonimato, y que le gusta “tener vecinos” (a pesar de que las lógicas medidas de seguridad les obligaría a muchas molestias): “Entonces, lo único que me da alegría es tener vecinos, que tengan sus perros, sus niños, me gusta 'qué tal, presidenta', 'buenos días', 'cómo estás', 'he traído fruta', 'te la intercambio', cosas normales de vecindad”.
Los perros, los niños, la fruta con su inevitable intercambio. Cualquier cosa antes que contar quién dio la orden de comprar el ático de lujo. Quién no ha llegado a casa y le ha dicho a la vecina del cuarto que ha comprado un kilo de naranjas, pero que le da la mitad a cambio de medio kilo de manzanas. ¡El trueque como en los albores de la humanidad! Todo esto dicho a la velocidad de un coche de Fórmula 1 del que sale un humo preocupante.
Su Gobierno difundió el viernes un informe de 224 páginas con los documentos relacionados con la compra sin que en ninguno quedara claro quién había dado la orden de compra. Los nombres estaban tachados. Los documentos habían sido escaneados para que los metadatos no revelaran de dónde había partido cada uno de ellos.
La compra por valor de 6,3 millones fue realizada por la sociedad pública Planifica Madrid en abril, presumiblemente cumpliendo órdenes del Gobierno. Llevaban meses buscando una vivienda. Esa transacción se hizo en secreto. Luego el Gobierno firmó un contrato de alquiler (por solo 3.000 euros mensuales, un precio muy inferior al de mercado) para utilizarlo para sus propios fines. ¿Cuáles eran? Ese documento dice que el Gobierno de Ayuso “tiene interés en hacer uso del mismo como inmueble institucional de carácter residencial o dependencias específicas para su uso de manera permanente u ocasional por distintas autoridades como apoyo a las sedes oficiales”. También se dice que podría utilizarse en caso de algún tipo de emergencia como “espacios accesorios o suplementarios en contextos de gestión de crisis que pueden prolongarse en el tiempo y requerir de espacios complementarios con posibilidad de uso residencial”.
Las dos frases vienen a confirmar la posibilidad de que sirviera de residencia para Ayuso de manera permanente u ocasional. La diferencia entre ambas opciones es irrelevante a efectos contractuales. Una vez que entras a vivir en el ático, podrías seguir allí el tiempo que quieras. Y la Comunidad no se va a gastar seis millones en un piso de lujo en una de las zonas más caras de Madrid –al lado de la casa donde reside la madre de Ayuso– para que viva en él un consejero o para que se celebren reuniones. El Gobierno ya tiene un montón de salas para ese fin y el ático no podía ser únicamente lugar de trabajo porque el edificio está catalogado como de uso residencial. Alguien podría trabajar en él si hace teletrabajo –eso es legal– siempre que la zona de despacho no supere unos máximos.
La versión inicial decía que el ático era para celebrar reuniones durante unas obras en el edificio de la Presidencia de Madrid y que por eso se había buscado “un inmueble desti