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Yo tampoco sé qué hacer con mis hijos cada día: desmitificando el verano de planes y "recuerdos imborrables"

elDiario.es · hace 17 h
Madres y padres reconocen que, sin facilidades para conciliar durante las vacaciones escolares, acaban frustrados porque se les terminan las ideas para hacer con sus hijos. Pero puede que los niños y niñas no necesiten un verano extraordinario, sino uno tranquiloUna experta en adolescencia, sobre hasta qué hora dejar salir a los hijos en fiestas: “La confianza se construye con hechos”
Los dos hijos de Azahara Palomino, que tienen cinco y siete años, se levantan muchos días de verano con una pregunta en la boca: “Mamá, ¿qué vamos a hacer hoy?”. “Asumen que tengo algo preparado, pero a veces se me acaban las ideas y llega un momento en que no hay plan”, reconoce esta madre. “Es muy difícil conciliar trabajo y maternidad. Yo intento pensar planes especiales, pero ellos tienen demasiadas vacaciones en comparación con lo que disponemos los mayores. Reconozco que algunas tardes lo único que necesito es quedarme en casa y descansar, porque el cuerpo no puede más, y entonces les dejo jugar demasiado a la consola. Pero luego me siento mal, me culpabilizo porque no han hecho nada más que eso”, explica esta madre.

Durante las vacaciones escolares, es habitual que los niños y niñas demanden hacer cosas diferentes o planes especiales. También algunas madres y padres se esfuerzan por ofrecérselos, pero no siempre en la práctica se puede cumplir con esas expectativas. Las redes sociales o la idealización que tenemos interiorizada nos pueden hacer pensar en un verano lleno de playa, montaña, viajes y planes diferentes. Pero lo cierto es que esta época se acaba pareciendo más a un tetris imposible de campamentos, abuelas, teletrabajo, vacaciones troceadas o soluciones creativas para quien puede permitírselas.

Sylvie Pérez es psicopedagoga y profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación en la UOC. Según ella, “muchas madres y padres sienten una enorme presión por ofrecer el verano perfecto: campamentos, excursiones, experiencias memorables…”. También cree que esa exigencia surge a menudo “de la comparación social” y no “de las verdaderas necesidades de los hijos”. Por eso propone rebajar las expectativas, aclarando que eso “no significa conformarse con menos, sino liberarse de una exigencia poco realista”. “No todas las familias tienen los mismos recursos, el mismo tiempo ni las mismas circunstancias. Y eso no convierte un verano más sencillo en un verano peor”, asegura.





La psicopedagoga Sylvie Pérez cree que la exigencia por crear un verano perfecto surge a menudo 'de la comparación social' y no 'de las verdaderas necesidades de los hijos'



La psicóloga perinatal Rosa Otero explica la importancia de diferenciar entre la expectativa de las vacaciones con niños y la realidad que vivimos –las también llamadas “mataciones”. “A menudo, cuando hablamos de conciliación, la colocamos bajo el prisma de que es una cuestión de organizarse mejor, pero la primera pregunta debería ser: ¿qué significa realmente conciliar? Significa poder equilibrar dos cuestiones que exigen diferentes compromisos y ritmos o a las que nos podemos aproximar de maneras diferentes. Y esto no parece que sea similar al concepto de vacaciones que tenemos”, reflexiona. A esto hay que sumar, según Rosa Otero, la idealización a la que nos llevan las redes sociales. “Ahí nos encontramos unos estándares de perfección inalcanzables, que acaban llevándonos a sentirnos culpables”, asegura.

Algo que suele pasarle habitualmente a Ana, madre de dos. “Como estoy cansada y cargada de trabajar y cuidar, acabo pasando más tiempo de la cuenta en redes sociales, y eso es contraproducente total. Pareciera que todo el mundo está en la playa o en la piscina, venga puestas de sol, venga chiringuitos, venga niños y niñas ideales jugando al aire libre. Pero claro, esa no es la realidad. La gente no enseña en sus perfiles cómo es trabajar por la noche cuando los niños se duermen, hacer la compra con dos bebés o intentar sobrevivir al calor sin más recursos que un ventilador y una tele”, explica.

Sylvie Pérez subraya la importancia de acabar con la idea de que es necesario hacer planes especiales cada día del verano. “No hace falta convertir cada día en una experiencia extraordinaria. Los menores no necesitan un verano lleno de estímulos para ser felices ni para aprender. De hecho, un exceso de planes puede generar cansancio, dependencia del entretenimiento externo y la sensación de que siempre tiene que estar ocurriendo algo para disfrutar”, aclara Pérez. Y propone buscar un cierto equilibrio donde la tranquilidad gane peso. “Puede ser un tiempo para recuperar un ritmo más humano, compartir momentos cotidianos, jugar sin un objetivo concreto o simplemente estar”, asegura la experta.





La gente no enseña en sus perfiles de redes cómo es trabajar por la noche cuando los niños se duermen, hacer la compra con dos bebés o intentar
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